Rubén Orta
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¿Cómo se genera una imagen mediante IA?

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¿Cómo se genera una imagen mediante IA?

En los últimos años hemos visto una explosión de modelos de generación de imágenes con IA: Stable Diffusion, FLUX, Qwen-Image, Z-Image, entre muchos otros.

El debate suele centrarse en resultados espectaculares o en comparativas superficiales, pero rara vez en lo importante: cómo funcionan realmente estos sistemas y qué tienen en común.

Este artículo no va de prompts ni de el mejor modelo. Va de entender la arquitectura base que comparten los modelos modernos de generación de imagen, por qué son mayoritariamente open source, y qué implica poder ejecutarlos en local o en tu propia infraestructura.

Si entiendes la arquitectura, las herramientas dejan de ser una caja negra.

Una idea clave para empezar:

Los modelos de IA no “dibujan” imágenes ni generan píxeles directamente.

La mayoría de modelos actuales funcionan mediante un principio llamado difusión:

  • Se parte de una señal completamente ruidosa.
  • El modelo aplica un proceso iterativo para reducir ese ruido.
  • En cada paso, el resultado se acerca un poco más a una imagen coherente.

La imagen final no aparece de golpe. Es el resultado de muchas decisiones probabilísticas encadenadas.

El funcionamiento de los modelos modernos de generación de imágenes con IA es, en esencia, un proceso iterativo y probabilístico. A diferencia de los sistemas gráficos tradicionales, la imagen no se construye de forma directa ni determinista. El modelo parte de una señal inicial altamente ruidosa y, paso a paso, aprende a reducir ese ruido siguiendo unas reglas estadísticas aprendidas durante su entrenamiento.

El primer elemento clave es el condicionamiento. Antes de que comience la generación, la información que define lo que se desea obtener, texto, imágenes de referencia o datos estructurales, se traduce a un formato matemático que el modelo pueda interpretar. Este proceso de codificación convierte entradas humanas en vectores numéricos (embeddings), que contienen información semántica pero ya no tienen forma de lenguaje natural o imagen reconocible.

Una vez codificado el condicionamiento, el sistema inicializa una representación intermedia de la imagen. Esta representación no corresponde a píxeles RGB visibles, sino a un espacio interno más compacto y eficiente. En este punto se introduce ruido aleatorio, controlado por una semilla (seed), que garantiza que el proceso sea reproducible si se repiten las mismas condiciones. Este estado inicial no tiene aún ninguna estructura visual reconocible.

A partir de ahí comienza el núcleo del proceso: la difusión. El modelo aplica una serie de iteraciones en las que predice cómo debe modificarse la representación intermedia para reducir progresivamente el ruido. En cada paso, el modelo combina la información del estado actual con el condicionamiento previamente codificado, ajustando la imagen hacia una configuración cada vez más coherente con la intención inicial.

Este refinamiento no ocurre de una sola vez, sino a lo largo de múltiples pasos controlados por distintos parámetros. El número de iteraciones, la estrategia utilizada para avanzar entre ellas y el peso del condicionamiento influyen directamente en el resultado final. Pequeños cambios en estos valores pueden dar lugar a imágenes significativamente distintas, incluso partiendo de la misma idea inicial.

Cuando el proceso de difusión ha finalizado, la representación intermedia contiene ya toda la información visual necesaria. El último paso consiste en decodificar esa representación interna y transformarla en una imagen RGB convencional que puede ser visualizada, almacenada o procesada por otros sistemas. Es importante entender que esta decodificación no añade creatividad nueva: simplemente traduce a píxeles lo que ya ha sido generado internamente.

Desde el punto de vista operativo, este flujo puede repetirse tantas veces como sea necesario. Ajustar el condicionamiento, modificar parámetros o cambiar la semilla permite explorar variaciones del mismo concepto sin volver a entrenar el modelo. Esta capacidad de iteración rápida es una de las razones por las que estos sistemas resultan tan flexibles y potentes en distintos contextos.

En conjunto, el funcionamiento de estos modelos puede entenderse como un proceso de aproximación guiada: no generan imágenes porque “sepan” qué es una imagen, sino porque han aprendido a recorrer el espacio de posibilidades visuales de forma estadísticamente coherente. Esta distinción es fundamental para entender tanto su potencial como sus límites.

Para entender cómo funciona un modelo de generación de imágenes, conviene separar claramente sus bloques. Aunque por fuera parezcan sistemas “mágicos”, internamente están formados por componentes bien definidos, cada uno con una función concreta dentro del proceso.

Representación de la imagen

La imagen no se genera directamente en píxeles. En su lugar, el modelo trabaja en una representación intermedia mucho más compacta, que captura la información visual esencial sin necesidad de almacenar cada detalle.

En modelos como SDXL, esta representación se conoce como espacio latente continuo y permite reducir drásticamente el coste computacional, haciendo viable entrenar y ejecutar modelos de gran tamaño.

Modelo generativo (el motor)

Es el núcleo del sistema: el componente que ejecuta el proceso de difusión y decide, paso a paso, cómo eliminar el ruido para que emerja una imagen coherente. Hoy existen dos grandes familias de arquitecturas que implementan este motor:

  • U-Net: Arquitectura convolucional (CNN) diseñada para procesar imágenes de forma jerárquica. Es eficiente, estable y muy bien entendida, lo que explica su adopción masiva en Stable Diffusion y derivados.
  • DiT (Diffusion Transformer): Arquitectura basada en transformers, similar a la utilizada en modelos de lenguaje.Introduce atención global sobre toda la imagen, mejora la escalabilidad y facilita modelos más grandes y flexibles.

Cambiar de arquitectura no altera el proceso de difusión en sí, sino la forma en que se implementa y se optimiza.

Condicionamiento

Es la información que guía la generación y evita que el modelo produzca resultados arbitrarios.

Puede tomar distintas formas: texto (prompts), imágenes de referencia o información estructural como poses, profundidad o contornos. Todo este condicionamiento se transforma en embeddings que influyen en cada paso del proceso de generación, modulando cómo evoluciona la imagen.

Control y especialización

Son capas adicionales que no forman parte del modelo base, pero que permiten dirigir su comportamiento con mayor precisión.

Incluyen sistemas de control estructural como ControlNet (o sus equivalentes en otras arquitecturas) y mecanismos de estilo e identidad como LoRAs o IP-Adapters. No crean imágenes por sí mismos: modulan cómo el modelo base responde al condicionamiento.

Parámetros de generación

En este punto entra en juego la experiencia del usuario. Aunque el modelo define el “qué puede generar”, los parámetros de generación determinan cómo se recorre el proceso de difusión y, en gran medida, qué calidad y control se obtiene en el resultado final.

El sampler define la estrategia matemática con la que el modelo elimina el ruido paso a paso. Algunos samplers priorizan estabilidad y coherencia, mientras que otros exploran soluciones más creativas o agresivas. Elegir un sampler u otro no cambia el contenido semántico del prompt, pero sí la textura, el detalle y el carácter de la imagen.

El número de pasos indica cuántas iteraciones se realizan durante el proceso de difusión. Más pasos permiten refinar progresivamente la imagen, pero con rendimientos decrecientes: a partir de cierto punto, el coste computacional aumenta sin mejoras visibles. Menos pasos generan imágenes más rápidas, pero potencialmente menos definidas o inestables.

El CFG (Classifier-Free Guidance) controla cuánto peso tiene el condicionamiento, normalmente el prompt, frente a la creatividad interna del modelo. Valores bajos dan resultados más libres y orgánicos; valores altos fuerzan una adhesión estricta al prompt, a costa de naturalidad o riqueza visual. Encontrar el equilibrio adecuado es clave para evitar imágenes rígidas o artificiales.

La seed es el punto de partida aleatorio del proceso. Con la misma seed, modelo y parámetros, el resultado es reproducible. Cambiar la seed no altera el estilo ni la interpretación del prompt, pero sí genera variaciones visuales, lo que la convierte en una herramienta fundamental para explorar alternativas manteniendo coherencia.

En conjunto, estos parámetros actúan como los mandos finos del sistema. No sustituyen al modelo ni al prompt, pero determinan la calidad, consistencia y control del resultado. Dominar su uso es lo que separa una generación automática y genérica de un flujo de trabajo predecible, repetible y profesional.

¿Cómo se genera una imagen mediante IA?

Una característica fundamental de los modelos modernos de generación de imágenes es que son open source u open weight. Esto permite ejecutarlos en local o desplegarlos en infraestructura propia, auditar su comportamiento y evitar la dependencia de plataformas cerradas o servicios externos. Esta apertura no es solo una cuestión ideológica, sino una ventaja técnica y estratégica para quienes necesitan control, reproducibilidad y escalabilidad.

Stable Diffusion XL (SDXL) -

https://stability.ai  Es el modelo open source más consolidado dentro de este ecosistema. Utiliza una arquitectura U-Net y genera imágenes en un espacio latente, lo que le permite ser eficiente y altamente modular. Su madurez se refleja en un ecosistema amplio de extensiones, controles y modelos derivados, convirtiéndolo en el punto de referencia del open source actual.

FLUX

https://bfl.ai/ · Esta arquitectura representa una evolución arquitectónica respecto a enfoques anteriores. Basado en una arquitectura DiT (Diffusion Transformer), trabaja también con una representación intermedia, pero menos comprimida y más rica en información. Esto se traduce en una mayor coherencia global de la imagen, aunque el proceso sigue sin generar píxeles directamente, pese a que el resultado pueda dar esa impresión.

Z-Image

Otro modelo que se sitúa dentro de esta nueva generación de modelos modernos orientados a eficiencia y control. Utiliza representaciones intermedias y una arquitectura alineada con enfoques tipo DiT, buscando un equilibrio entre calidad, consumo de recursos y capacidad de integración. Conceptualmente encaja en la misma familia que FLUX y Qwen-Image, aunque con decisiones de implementación distintas.

Qwen-Image

https://chat.qwen.ai · Adopta también una arquitectura DiT y destaca por el uso de text encoders avanzados, que mejoran la comprensión semántica del condicionamiento textual. Su diseño end-to-end está pensado para escalar de forma consistente, manteniendo coherencia entre la entrada y el resultado final.

La idea clave es que todos estos modelos comparten el mismo esquema general de generación de imágenes. Lo que cambia no es el flujo del proceso, sino cómo cada modelo implementa y optimiza sus componentes internos.

Cuando hablamos de modelos de IA abiertos, es importante distinguir entre open source y open weights, ya que no son lo mismo y tienen implicaciones prácticas distintas.

Un modelo open source publica no solo los pesos del modelo, sino también el código completo necesario para entrenarlo, ejecutarlo y modificarlo, normalmente bajo una licencia reconocida de software libre. Esto permite auditar el funcionamiento interno, adaptar el modelo a nuevos usos y mantenerlo a largo plazo sin depender del proveedor original.

Un modelo open weights, en cambio, hace públicos los pesos entrenados, pero no necesariamente todo el código, los datos de entrenamiento ni el pipeline completo. En la práctica, esto permite ejecutar el modelo, ajustarlo o integrarlo en sistemas propios, pero limita la capacidad de reproducir el entrenamiento original o modificar profundamente su arquitectura.

La diferencia clave está en el grado de control y soberanía tecnológica. El open source ofrece máxima transparencia y capacidad de adaptación, mientras que el open weights prioriza el acceso práctico al modelo sin abrir por completo el proceso que lo generó.

En ambos casos, frente a modelos cerrados, estas aproximaciones permiten ejecutar la IA en local o en infraestructura propia, reducir dependencias externas y ganar trazabilidad sobre el uso del sistema. La elección entre uno u otro depende menos de la ideología y más del nivel de control que se necesite en cada contexto.

Los modelos open source y open weight de generación de imágenes no se utilizan de forma aislada, sino a través de herramientas que facilitan su ejecución, configuración y control. Estas herramientas no cambian la arquitectura ni el funcionamiento de los modelos, pero sí determinan el nivel de abstracción, flexibilidad y control que tiene la persona usuaria sobre el proceso.

Stability Matrix (https://lykos.ai) actúa como una capa de gestión del ecosistema. Su función principal es facilitar la instalación, actualización y organización de modelos, dependencias y entornos de ejecución, tanto en local como en servidores propios. No es una herramienta de generación en sí misma, sino un orquestador que simplifica el acceso al stack open source.

Fooocus está diseñado para reducir la complejidad al mínimo. Ofrece una interfaz muy simplificada que automatiza gran parte de las decisiones técnicas, priorizando la facilidad de uso y resultados estables desde el primer momento. A cambio, sacrifica control fino sobre el pipeline y los parámetros internos del modelo.

Invoke AI se sitúa en un punto intermedio–avanzado. Proporciona una interfaz visual estructurada que permite controlar de forma granular el proceso de generación, gestionar modelos, estilos y versiones, y reproducir resultados de manera consistente. Está orientado a quienes necesitan equilibrio entre usabilidad y control técnico.

ComfyUI representa el enfoque más explícito y modular dentro del ecosistema open source. Funciona mediante grafos de nodos que exponen cada paso del pipeline, desde el condicionamiento hasta la decodificación final. Esta transparencia permite entender, modificar y diseñar flujos complejos, a costa de una mayor curva de aprendizaje.

En conjunto, estas herramientas no compiten entre sí tanto como responden a distintos niveles de necesidad y madurez técnica. Todas permiten ejecutar modelos en local o en infraestructura propia; lo que varía es cuánto control se desea tener sobre el proceso interno de generación.

Para quienes vivieron los primeros años de Linux, el momento actual de la IA generativa resulta extrañamente familiar. Un ecosistema fragmentado, herramientas dispares, documentación incompleta y una curva de aprendizaje pronunciada que puede resultar abrumadora al principio. Pero, como entonces, esa complejidad no es un defecto accidental, sino el precio de la apertura y de la libertad tecnológica frente a soluciones simples pero cerradas.

Esta complejidad también obliga a posicionarse desde la ética, no como un concepto abstracto, sino como una práctica cotidiana. La posibilidad de ejecutar modelos en local, desplegarlos en infraestructura propia y auditar su funcionamiento no es solo una ventaja técnica, es una condición básica para un uso responsable. Sin capacidad de elección y sin comprensión del sistema, la ética se diluye en dependencia y delegación ciega.

En este contexto, hablar de ética es hablar de control y trazabilidad. Poder decidir qué modelo se usa, con qué datos, en qué entorno y con qué límites no garantiza un uso correcto, pero sí hace posible asumir responsabilidades reales. Cuando todo ocurre en plataformas opacas, la responsabilidad se externaliza y la reflexión ética se convierte en un gesto superficial.

La alternativa a este camino abierto suele ser la comodidad. Interfaces pulidas, resultados inmediatos y experiencias sin fricción, a cambio de ceder soberanía y comprensión. El ecosistema open source plantea el camino contrario: exige más esfuerzo, más criterio y más tiempo, pero devuelve autonomía, transparencia y capacidad de adaptación. No es la opción más fácil, pero sí la que permite construir conocimiento y no solo consumir resultados.

Elegir este camino implica aceptar la complejidad como parte del proceso. Igual que ocurrió con Linux, no todo será estable ni homogéneo, pero precisamente ahí reside su valor: en la posibilidad de entender, modificar y decidir. En un momento en el que la IA se integra cada vez más en procesos críticos, esa capacidad de elección deja de ser un lujo técnico para convertirse en una responsabilidad colectiva.